Música, eterna memoria.

La música es memoria y hoy mi memoria es música.

Cuando un vinilo llegaba a una casa, algo mágico sucedía. En el camino de la tienda a casa, la sonrisa se instalaba en la cara, las manos sudaban de emoción. Los minutos se hacían eternos.

Ya se había escuchado alguna canción suelta en la radio o con suerte en algún programa musical de la tele. Esto último con suerte y si, había programas musicales, y en la televisión pública. Aunque para ser exactos, se han recuperado algunos programas en los últimos años.

En otras ocasiones, se intentaba que esa tentación se mantuviera alejada hasta el día del lanzamiento del disco. Ese día en el que si habías juntado el dinero, de la paga paterna, materna o de algún regalito familiar en forma de billetes, guardado para una buena ocasión en la pequeña caja fuerte de tu cuarto, la solo, tuya. Unos minutos antes, a veces demasiados, vistos con el tapíz del tiempo, te clavabas en la puerta de la tienda hasta el horario de apertura. Bueno, realmente valía cualquier horario porque tu hora era la hora exacta, si no podías ir a la hora de apertura bastaba con prohibir hasta entonces, (literalmente, con alguna pequeña amenaza de niños), a tus amigos los afortunados que te hablaran del nuevo tesoro. Otras veces, no sabría decirte si las mas, te encerrabas en casa a prueba de un telefonillo que estaba apunto de quemarse de tanto ser pulsado o de los gritos en forma de llamada de esos afortunados desde el patio.

Pero volvamos a ese eterno instante en el que tus manos transportaban la recompensa. El mundo era pausado por ti  y tu tenías el poder para darle al play y volverlo a poner en marcha contigo ya a las mismas revoluciones que el resto, girando en perfecta sintonía.

En medio de ese baile de un dios, varios compases:  Abrir la puerta de casa con unas llaves que estrenaban responsabilidad como tú, dejar la bolsa en el primer sitio que encontraras adecuado, ir directo al tocadisco, levantar la tapa. Sacar el disco de la bolsa, de su funda. Poner el vinilo en el plato de disco, encender el aparato, levantar la aguja con cuidado y aún con más cuidado, posarla lentamente sobre el vinilo.

Mi primer disco en vinilo, “Dangerous” de Michael Jackson, con 10 años.

Cuando una cinta de cassette entraba en una casa, el ritual era menos delicado. Una cinta de casset era mas manejable, la obra podía ser “interpretada” por otros actores o simplemente utilizar el mismo espacio para otra obra.

Como su propio nombre indica, el lugar donde disfrutar de una cinta era el cassette. El cassette como una parte más del aparato de música o el cassette cuya compañera de baile era solo la radio. Este último de nombre sencillo y claro, radio cassette, no engañaba, la verdad. También estaban los walkman, algo mas posteriores.

Recuerdo mi primer cassette, “The final countdown” de Europe. Cuando salió yo tenía 5 años, o mejor dicho 4 aún. Supongo que la cinta no llegaría a mis manos hasta el 87, mínimo. Mi madre recuerda que con 5 años o así me quedaba embobado escuchándolos en algún programa de la tele y que decidió comprarme la cinta cuando ya fui un poco más mayor. De aquella época también fue The Freddie Mercury Album, cinta que aún conservo.

Luego vinieron muchas cintas vírgenes cuyo contenido grababa de la radio, incluso con una grabadora de mi padre antes de tener el radiocasete de doble pletina para grabar .

A algunas le dibujaba la portada de la original, como la del Black Álbum de Metallica o el Killem all. Estas dos grabadas de los vinilos originales que me prestó mi amigo Faleke, un maestro musical que aún conservo como amigo y del que me nutría y me nutro para escuchar rock metal principalmente y conocer nuevos grupos.

En mis cintas, muchas siguen guardadas en casa de mis padres y ahora en mi casa, se puede ver mi eclecticismo musical, desde break dance, rap, reggae, son cubano, algo de pop, musica de cantautor…. Mi época de amor absoluto por Medina Azahara…

También los primeros discos de Extremoduro, que antes de grabármelos, escuche de mi primo Ángel.

Ahora se me viene a la cabeza la imagen de mi tía Lola, mi otro latido inseparable aún cuando mis ojos ya no pueden verla, en la cocina de su casa poniendo una cinta de Los Burros en el cassette mientras la casa dormía y yo desayunaba con ella.

Mi pasión musical tiene un nombre, un causante, mi padre. Gracias a mi padre he escuchado desde pequeño a Charles Aznavour, Gilbert Becaut, Edith Piaf, Mireille Mathieu, Mina, Romina Power, adriano Celentano, y por supuesto Serrat, Mari Trini, etc…

De mi madre, Lorenzo santamaria, Maria Dolores Pradera, Bambino y copla. Copla cuyas letras aprendí con ella y con mi abuela, mi cantante favorita, mi canción mas eterna.

 

 

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