Perrita Country. Textos de Sara Mesa e Ilustraciones de Pablo Amargo.

El mundo que nos rodea no es más que un espejo de nuestras esperanzas, movimientos, carencias…..

Y esta frase tan filosófica para empezar a hablaros de este libro del que te enamoras con tan solo ver la portada.

Decir Pablo Amargo es decir sencillez milimétricamente desbordada y medida. La conexión conseguida entre imágenes que son dos y a la vez una y una te deja sin poder dejar de mirar la ilustración y con una sonrisa tonta en la cara. Sonrisa que en tu cabeza se traduce con un “que difícilmente fácil”.

Pues esas ilustraciones con las que Pablo Amargo refleja este libro son parte de ese gran espejo cuyo revés, cuyo otro lado del espejo, es nuestra protagonista.

Otra parte de ese gran espejo, espejo sencillo como el que cada uno formamos en nuestra vida pieza por pieza, es el lenguaje utilizado por su autora Sara Mesa. Pareciera que cada palabra hubiera sido descuidadamente escogida. En esta novela corta, sucesión de relatos cortos donde los protagonistas son los mismos, o como le queráis llamar, Sara vuelve a desplegar ese lenguaje literario tan particular, tan vacío de artificios y tan lleno del día a día. Como ella misma defiende la literatura no tiene por qué responder a preguntas sino ser vivida simplemente.

La protagonista de nuestro libro es una joven profesora que a través del mundo que le rodea, del contexto que construye a su alrededor, intenta conocerse a si misma sin parecer intentarlo. Huye de esa radiografía interior, sentimental, adentrándose en las de los que le rodean.

Las piezas que conforman ese universo son su amigo Victorpé, Victor Pedro. Victorpé es el que siempre está para los momentos de desahogo, de risas y de torpezas. Es como ese punto del espejo al que miras de reojo porque sabes que siempre te va a devolver el reflejo de tu mirada, aún no gustándote esa mirada.

Victorpé acompaña a la protagonista siempre sabiendo donde colocarse, a lo lejos o a apenas un centímetro, pero siempre dejando constancia de su parecer aún no siendo requerido.

Hay otro elemento importante que no se puede pasar por alto, el papel, también protagonista, de los animales.

La personificación de estos nos podría recordar, dice la misma protagonista, a Odile y a Garfield. Y como podréis imaginar, ya os desvelado que dos animales son esos protagonistas.

Ujier es el nombre escogido para el dueño de la casa. Un gato gordo que tiene plena libertad para ocupar el espacio de la casa que mas le plazca, o al menos aparentemente.  Ujier es ese lado del espejo que te devuelve la imagen que piensas, siempre quisieras tener.

La otra protagonista es la Perrita Country, que da el nombre a la novela. La perrita Country es una compañera elegida o que te elige. Nuestra protagonista la adopta entre un catálogo de lo más variado. Ella es el lado del espejo que nos devuelve sombras y que intentamos iluminar para no verlas o en el mejor de los casos, para hacerlas desaparecer.

Con la relación que se establece entre ambos protagonistas, Ujier y Perrita Country, nuestra protagonista acaba descubriendo que las cosas pueden ser más fácil que como las queremos ver. Más fácil que como las construimos para seguir manteniéndonos en nuestro espacio de supuesto confort. En teoría una perra y un gato no se deberían llevar bien. Aquí se desmonta esa certeza. El espejo funciona aquí como la simple realidad, sin montajes fotográficos.

Otro personaje que refleja el misterio de si acabamos aprendiendo a volar y como lo hacemos, con ayuda o por si solos, es Pelón, una cría de pájaro que cae del nido a su patio. La protagonista se afana en ayudarle a sobrevivir  pero sin querer ser ella la protagonista de ese aprendizaje a volar.

Nuestra protagonista quiere que sus alumnos vean y descubran ese reflejo de realidad, sin que se lo cuenten, por ellos mismos. Para esta tarea pide a sus alumnos que escriban una redacción sobre mascotas, sean reales o inventadas. Este ejercicio sirve a la escritora para introducir el tema de la educación. De sus carencias y de su falta de progreso en muchas ocasiones.

Hay otro elemento que quiero destacar del libro, la importancia de nombrar, de escoger bien el nombre de las cosas, de las personas, de los animales. Ujier tardó en tener ese nombre, antes pasó por llamarse Fulkner, cuando se lo ofreció una estudiante italiana, Pato o el oficial, nombres estos últimos mal escogidos por ella misma. Perrita Country es un nombre momentáneo, también escogido por la protagonista, en espera de que se lo ocurra o que se le sugiera por el día a día, por el carácter de Perrita Country, otro mejor, mas apropiado. Y ella, nuestra protagonista, no es nombrada, no tiene nombre. En este no nombrarse vemos cual es su sitio escogido, el otro lado del espejo. Tan solo en una ocasión, ya casi al final, afloran sus sentimientos, sus miedos, su fragilidad frente a la grandeza que reconoce en los animales.

Y todo esto impregnado, nombrado, con y por las líneas  de las ilustraciones de Pablo Amargo.

 

 

 

 

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