De ratones y calles

autor: Daniel González Rojas

En el primer artículo que escribí para esta revista hablaba del potencial del tebeo y de la capacidad del medio para contar historias de forma que ningún otro puede. Pese a su mala fama de producto para críos, defendía, y defiendo, su capacidad universal de narrar todos los temas que se proponga.

Tenía preparada para la segunda entrega un nuevo artículo llamado Por qué el mundo necesita a Superman, pero en vista de la censura de la derecha a la figura de Almudena Grandes y la negación de su genialidad literaria, no he podido por menos que relacionarlo con otro hecho infame: la censura de Maus en un condado de EE.UU.

autor: Daniel González Rojas

Pongámonos en contexto. Maus es el único tebeo que ha ganado el premio Pulitzer, uno de los premios más importantes del mundo literario, aunque lleve el nombre de uno de los periodistas que inventó la prensa amarilla, junto con Hearst. Y no olvidemos tampoco que las normas de ese premio se cambiaron justo después para que esa “aberración” no pudiera repetirse.

No es casualidad, esta Obra (así, con mayúsculas) del testimonio vital del padre del autor es una de esas que nadie que sepa leer debería dejar de hacer. El relato de un superviviente del Holocausto nazi, donde murieron 11 millones de personas, 6 de ellos judíos, planteado de una manera tan descarnada que el autor cambia a las personas por animales: ratones los judíos, gatos los alemanes, cerdos los polacos, en un intento de suavizar la lectura (y también cogiendo una referencia del propio Hitler en su Mein Kampf, en el que equipara a los judíos con ratones).

Art Spiegelman nos cuenta la vida de su padre, Vladek, desde su juventud en la Polonia de preguerra hasta su liberación de los campos de concentración. Y lo hace sin concesiones, nos muestra a un Vladek que en ocasiones es miserable, envidioso, tramposo…, vamos, como cualquier ser humano con sus defectos, y lo que debe hacer para sobrevivir al mayor horror que ha conocido la humanidad en los tiempos recientes. En los momentos en los que se sitúa en el presente, pues Spiegelman cuenta también conversaciones actuales con su padre (actuales cuando realizó la obra), Vladek es un personaje que cae mal, es palpable la mala relación que mantenían, intentando hacer de él, no un héroe, si no una persona como todas que se encontró en una situación que nadie quisiera vivir.

EL estilo de dibujo mezcla algunas técnicas de underground con estilos sencillos cercanos al cartoon, pero mucho más “adulto” y oscuro, añadiendo en el trazo plumilla que hace que el acabado nos produzca claustrofobia y una desazón vital, consiguiendo trasmitir más un estado de ánimo que detalles de la historia. El que el blanco y negro sea el formato de color elegido ayuda aún más a fortalecer estas sensaciones. Según Scott Mc Cloud en Hacer Comics, gran parte fue dibujado en bolígrafo sobre papel de oficina normal. 

La cuestión es que Art Spiegelman consiguió transmitir en gran medida lo que significó el ascenso nazi en la Europa de los años 30 y 40 para la población judía, un libro que aporta enseñanzas esenciales de la historia reciente de la humanidad.

Y de repente, el consejo escolar de un condado de EE.UU., vota por censurarla. Y además el día de antes de la conmemoración del Holocausto. Las razones: utilización de palabrotas

(concretamente 8) y la aparición de un desnudo (¡de una ratona!). Como bien dijo Neil Gaiman en Twitter, “solo hay un tipo de personas que puedan prohibir a Maus, sea cual sea el nombre que utilicen estos días”. Y por si hay algún despistado, son nazis.

Es importante recordar que en ese condado precisamente, el infame Donald Trump consiguió el 80% de los votos, y que no es el primer libro que se ha intentado eliminar en las zonas más conservadoras estadounidenses.

La extrema derecha mundial mantiene una hoja de ruta compartida a lo largo del globo. En una punta, Maus, en la otra, vetar el nombre de una calle a Almudena Grande. El objetivo es la guerra

Autor: Daniel González Rojas

cultural, no ceder ni un ápice a la izquierda ni al pensamiento crítico. La mayor amenaza que tiene el conservadurismo extremo es la memoria histórica, porque nos da muchas pistas de lo que no debemos hacer para no repetir los desastres del pasado. Si sabemos lo que significó la llegada de los nazis al poder, nadie los votaría; si recordamos lo que significó el golpe de estado a la República y la Guerra de España, el partido verde moco sería residual, cosas de nostálgicos; y lo que es más importante, quizás se habría hecho una verdadera transición, en la que el pueblo español habría recuperado realmente la democracia.

¿Y qué hacemos frente a esto? Cultura, cultura y más cultura. Leer, aprender, estudiar, enseñar, divulgar. Ser libres. Porque no hay nada que odie más un fascista que la Libertad y la Memoria.

¡Comparte!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.