Notas en los márgenes

El tebeo/comic/arte secuencial se han considerado siempre una cosa de críos, un entretenimiento menor que solo era una fase antes de acceder a lo verdaderamente importante: los libros (cuanto más gordos mejor). Bueno, pues discrepo. Para mi el comic tiene un potencial ilimitado, capaz de abarcar una miríada de conceptos y utilizarlos como ningún otro arte puede hacerlo.

Para poder explicarme, quizás lo más interesante sería definir lo que entiendo que es un tebeo. El genial Will Eisner lo definió como arte secuencial, es decir, como una serie de imágenes yuxtapuestas que producen una respuesta estética en el receptor. Parece que se aleja bastante de la idea que podemos tener de manera normal en la cabeza, que en mi caso sería una portada de Mortadelo y Filemón, por ejemplo.

Si damos como válido lo anterior, podemos retrotraer la historia del tebeo hacia muy lejos, concretamente hasta un manuscrito ilustrado precolombino, “descubierto” en 1519 por Hernán Cortés. En él se narra una guerra entre tribus por la conquista de una ciudad, con traiciones, bajas pasiones y heroísmo.

Y si tomamos la definición con una perspectiva más laxa, podemos ir incluso más atrás, al siglo XI, con el tapiz de Bayeux, que con sus más de 70 metros relata la conquista de Inglaterra por los normandos.

De una punta del planeta a otra, desde hace siglos se están haciendo tebeos para contar enormes gestas, historias del pasado o del futuro, expresar todo tipo de ideas…, pero de repente, en el siglo XX, solo se veían como publicaciones de humor o superhéroes.

Creo que es importante ampliar el concepto de tebeo mucho más allá de señores musculosos y mujeres voluptuosas que resuelven a golpes los problemas, y que conste que soy un fanático de Marvel desde hace más de 30 años. El potencial de comic va mucho más allá y hay estupendos exponentes de ello.

Carlos Giménez, por ejemplo, el mejor cronista del periodo que va desde la Guerra de España hasta la llamada Transición, por ejemplo, ha elevado al nivel de la historieta a, sin exagerar, grandes novelas históricas que se conocen como grandes clásicos.

Will Eisner, al que nombraba más arriba, ha sido un gran maestro de la composición tebeística. Su capacidad de mezclar palabras y dibujos es impresionante y es referente para diseñadores gráficos incluso hoy día.

Alan Moore con sus guiones ha conseguido mezclar de tal manera imágenes y frases que ha superado la capacidad comunicativa de otras disciplinas como el cine. En Wachtmen, por citar una de sus obras más conocidas, es capaz, junto con Gibons como dibujante, de conseguir una absoluta comunión entre el texto, con lo que es imposible separar una cosa de la otra. La multitud de lecturas que tiene su obra es indisociable en partes.

La lista podría ser eterna: Ibañez, Paco Roca, Gaiman, Shotaro Ishinomori, Miller, Kirby, Jan, Vazquez, Stan Lee, Scott McCloud, Millar, Guy Delisle, Morrison, Manu Laceret, Kim Dong-Hwa, Manel Fontdevila, Forges, Monteys, Jeff Smith… cada uno ha aportado una visión personal que ha hecho avanzar el mundo del tebeo, abriendo nuevos horizontes para este arte.

Así que tras esta declaración de intenciones, ya sabéis de que va a ir esta sección, de tebeos, pero entendidos como mucho más que un pasatiempo infantil, si no como un medio con capacidad de tratar como se siente el vivir una depresión, como fue estar en medio de la revolución cultural de Mao o como serían distintos mundos, distópicos o utópicos, del futuro de la humanidad.

Y por supuesto, de superhéroes.

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