Memoria

Ya estamos recibiendo los primeros artículos del primer número de la que será la revista de La Dhákira cuando golpea la noticia de su partida hacia la tierra. 

Dhákira es memoria en árabe y de ella partimos, de la memoria, de la cultura de la memoria.

Ya ha sido escogido el destinatario del homenaje de ese primer número, Saramago, memoria del mundo, cuando pareciera que Almudena nos deja huérfanos de su voz, tan necesaria como la de José.

Y se nos hace camino, como dijera el poeta, como lo cantara Serrat. Se nos hace ese sendero que va de José Saramago a Almudena, ese sendero del no olvidar para pisar más firme.

Imponente, majestuosa, tierna como el frío viento de la mañana que amanece y que hiela el alma con una sonrisa.

Siempre me dio mucho respeto su figura, tardé años en acercarme a sus libros, como tardo en enfrentarme al papel en blanco de esta humilde editorial. 

 Me reconozco un lector tardío y de Almudena un poco más, si cabe.

De pequeño, me reconozco adentrándome en su voz de abrazo firme, seguro, cuando era entrevistada en, quizás una de las dos cadenas nacionales o más adelante en las primeras privadas.

A escondidas, también de mis recuerdos, surge la película en la pantalla de un televisor, Las edades de Lulú. Me paro y me doy cuenta de que podría describir muchas de las escenas. 

Muy probablemente cinco o seis años después de su estreno en 1990. En una tele de panza, como los bautizaba mi madre, en el salón, a una hora “no adecuada”, escondido de miradas adultas.

Buscando en esos cajones de fotogramas pasados, me descubro imágenes de otra adaptación de sus libros, Malena es nombre de tango.

Ya mas dispersas, alguna de Aires difíciles, de Aunque tu no lo sepas y la mirada siempre cautivadora, de Adriana Ugarte en Castillos de cartón.

La parte inconsciente es la que en muchas ocasiones crea conciencia, poco a poco, sin prisas, pero con paso firme. 

Esa voz, en la que me reconocía, me fue regalando su abrazo, su convicción, su transparencia de trazo grueso y seguro, su cosquilleo de estómago que sonríe causalmente. 

Año 2015.  Antes de escribir este artículo no había reparado en la casualidad que no es si no causalidad, para mi el 2015 es un año importante de cambios, de valentía. 

Es en este año, el 2015, cuando con paso firme decido adentrarme en sus novelas. 

Los besos en el pan, recién publicada, la novela escogida.

Rememoro aquellos instantes, comprando el libro, abriendo sus páginas…

Su voz, de fondo, resguardándome y a la vez mostrándome, del y el, frío de la verdad, el helado bisturí del ser humano.

Quien escoge abrir la puerta Grande, con sus Grandes puertas, tan solo sale de la casa, del hogar, para buscar invitados. Y eso hice yo, esperar paciente a la inauguración de cada estancia nueva.

Entre medias, en cada armario de esa casa, de ese hogar, descubrí sus artículos y los disfruté y mastiqué palabra por palabra. 

Ahora que la memoria es algo que denostan algunos, Almudena es de los imprescindibles de Brecht.

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