El Principito y el fascismo: ¡cuidado con los baobabs!

Una de las teorías sobre el simbolismo de los baobabs en ‘El Principito’ es que representan el fascismo. Precisamente tres son los árboles que aparecen en el dibujo de Antoine de Saint-Exupéry: Alemania, Italia y España. Hay que tener en cuenta que el autor francés fue piloto militar durante la II Guerra Mundial y corresponsal en la Guerra Civil española.

El problema del Principito con estos árboles es que debe estar atento para eliminar sus brotes antes de que crezcan pues podrían hacer estallar el pequeño asteroide donde vive al convertirse en árboles.

Hay semillas buenas y malas, todas “duermen en el secreto de la tierra hasta que a una se le antoja despertarse”. Luego la semilla se “extiende tímidamente hacia el sol una encantadora ramita inofensiva”.

Los primeros brotes son todos parecidos, el Principito nos cuenta que pueden ser rábanos o rosas y se les puede dejar crecer; pero también había “unas semillas terribles”, que eran las de los baobabs.

Si miramos el panorama político actual y echamos la vista atrás a hace unos años, podríamos concluir que no sólo no hemos estado atentos en vigilar “los brotes” que surgían a nuestro alrededor, sino que incluso se les ha regado y abonado para que crezcan.

Como dice Saint-Exupéry en ese capítulo, el peligro de los baobabs es muy poco conocido y sus riesgos muy grandes. De ahí que dejara por escrito una clara advertencia: “¡Niños! ¡Tengan cuidado con los baobabs!”

Pero ‘El Principito’ no es un libro de niños aunque lo parezca, es una obra plagada de mensajes para que los adultos seamos mejores adultos.

El Principito hablaba de disciplina, todos los días dedicaba un rato a revisar en su pequeño planeta si habían surgido brotes de baobabs: “hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales”.

Pues nada más y nada menos que de eso se trata, de eliminar los brotes de baobabs que veamos a nuestro alrededor para no dejarlos crecer. Una tarea colectiva, consciente y diaria por el futuro de nuestro planeta, que es mucho más grande que el asteroide B612 donde habitaba el Principito, pero que corre los mismos peligros.

Así que termino como Saint-Exupéry y repito la advertencia: ¡cuidado con los baobabs!

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